El Gran Regreso de Morante y la Consagración de De Justo y Borja

El Gran Regreso de Morante y la Consagración de De Justo y Borja

01.04.2025  12:38 p.m.

Redacción: Juan Pablo Garzón Vásquez

La tarde en Almendralejo fue histórica. Morante de la Puebla regresó a los ruedos tras siete meses de ausencia, Emilio de Justo deslumbró con honradez y temple, y Borja Jiménez se reivindicó con inteligencia y firmeza. Los tres salieron por la puerta grande en una corrida que combinó emoción, bravura y controversia. Un lleno total, tres tauromaquias distintas y una afición enardecida hicieron de esta jornada un hito taurino inolvidable.

Lenguazaque - Colombia. La expectación era máxima en Almendralejo. No solo se colgó el cartel de "No hay billetes" por primera vez en diecinueve años, sino que el regreso de Morante de la Puebla elevó el ambiente a la categoría de acontecimiento histórico. La tarde prometía emociones fuertes y no defraudó: del éxtasis al desencanto, de la bravura a la nobleza, de la pasión al triunfo absoluto.

Los primeros compases del festejo fueron pura emoción. "¡Qué siete meses más largos, Morante!", exclamó un aficionado desde el tendido cuando el diestro sevillano apareció en el patio de cuadrillas, vestido de luces. La ovación de bienvenida estremeció los cimientos de la plaza. Y cuando el jabonero de Juan Pedro Domecq salió por chiqueros, Morante volvió a ser Morante. Lo recibió a pies juntos con verónicas de mano alta, se encajó con naturalidad y supo entender desde el primer instante a su oponente. La faena de muleta fue un alarde de temple y cadencia, en la que cada natural parecía acariciar el alma de los presentes. Con una estocada fulminante, rubricó su reencuentro con la gloria y paseó dos orejas en una vuelta al ruedo de época.

Pero no todo fue color de rosa. En el cuarto de la tarde, un toro más complicado y reservón, Morante se topó con la cara menos amable del público. Tras una lidia breve y una estocada certera, lo que en un principio fue una ovación acabó en bronca, mostrando la fiereza de una afición que exige sin concesiones. Aun así, el torero de La Puebla se fue en hombros, en medio de sentimientos encontrados, recordando a todos que ha vuelto para quedarse.

Mientras la plaza aún vibraba entre vítores y protestas, Emilio de Justo irrumpió con una entrega absoluta. Se fue a porta gayola para recibir al colorado quinto con un farol ajustado, seguido de un quite por chicuelinas que desató el entusiasmo. La embestida del toro, humillada y codiciosa, permitió al extremeño lucirse con un trazo largo y un temple exquisito. La petición de indulto se dejó sentir en los tendidos, pero De Justo, fiel a su honradez y respeto por la tauromaquia, no cayó en excesos y fue tras la espada con determinación. Un pinchazo arriba y un descabello le privaron de un premio mayor, pero su faena quedará en la memoria como un ejemplo de pureza y entrega.

Con el segundo de su lote, Emilio de Justo mostró su capacidad para adaptarse a cualquier circunstancia. Desde el saludo capotero hasta el final de la faena, desplegó un toreo de técnica y sentimiento. Las manoletinas finales pusieron la guinda a una faena de enorme mérito. Una oreja que supo a triunfo.

Borja Jiménez, sustituto de José María Manzanares, dejó claro que su presencia en este cartel no fue un accidente, sino un acto de justicia taurina. Brindó su primer toro a Morante y mostró un toreo limpio y mandón. Con el sexto, el de más cuajo del encierro, enfrentó una papeleta difícil. El animal salió suelto y complicado, pero Jiménez, con inteligencia y serenidad, lo sometió hasta extraer todas sus virtudes. La faena creció en intensidad y emoción, con una muleta que convenció y venció. La estocada, aunque desprendida, tuvo un efecto letal. Dos orejas que confirmaron su gran momento.

Al final de la tarde, la imagen de Morante, De Justo y Borja Jiménez saliendo juntos en hombros por la puerta grande sintetizaba lo que fue esta corrida: una oda a la tauromaquia en toda su dimensión. El arte, la emoción y el pundonor se dieron cita en Almendralejo para escribir una de las páginas más vibrantes de la temporada. Morante ha vuelto, y con él, la grandeza del toreo.

  

 

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