01.04.2025 12:43 p.m.
Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora
La primera novillada con picadores en Las Ventas dejó un sabor agridulce. Con un lote deslucido y complicado de Fuente Ymbro, la tarde transitó sin grandes momentos artísticos, salvo por la firmeza de Mariscal Ruiz, la entrega de Diego Bastos y la torería de Emiliano Osornio. Este último, pese a la adversidad, logró los mejores muletazos del festejo y saludó la única ovación de una tarde marcada por la escasez de bravura y el esfuerzo de los novilleros.
Arbeláez - Colombia. La Monumental de Las Ventas albergó este domingo la primera novillada con picadores de la temporada, un festejo que quedó marcado por la mansedumbre y escasa entrega del encierro de Fuente Ymbro, que apenas ofreció opciones a la terna. Sin embargo, tres nombres destacaron sobre la adversidad: el mexicano Emiliano Osornio, que debutaba en Madrid y dejó la única ovación de la tarde; el sevillano Mariscal Ruiz, que firmó una presentación con temple y carácter pese a la falta de transmisión de su lote; y Diego Bastos, quien mostró oficio, aunque sin posibilidad de redondear sus faenas.
Desde el primer astado, quedó claro que la tarde sería cuesta arriba. Bastos lidió un novillo abanto, corto de cuello y sin fijeza, que evidenció su falta de entrega en el capote y en el peto. El sevillano logró sujetarlo en terrenos del 6 y encontró mejor respuesta por el pitón derecho, aunque el astado terminaba los muletazos con la cara alta y por el izquierdo directamente se revolvía con peligro. Faena de tesón que no encontró refrendo con la espada, dejando en silencio su esfuerzo.
Mariscal Ruiz, que debutaba con caballos en Madrid, recibió a su primero, un novillo ovacionado de salida por su lámina, aunque pronto se mostró falto de clase. En la muleta, el viento dificultó la labor y el toro se quedaba corto en cada embestida, obligando al novillero a atacar en corto y con firmeza. Logró momentos de gran aplomo, pero una estocada baja restó brillo a su labor.
La mejor expresión llegó en el tercero, donde Emiliano Osornio, con la disposición propia de un debutante, entendió a la perfección a un novillo descompuesto y sin entrega. Le perdió pasos con inteligencia, ganando muletazo a muletazo. La faena no tuvo ligazón por la condición del animal, pero dejó detalles de gran torería, especialmente con la mano derecha. Mató de una gran estocada y saludó la única ovación de la tarde, reconocimiento a su voluntad y expresión en la arena.
El cuarto, largo y suelto de carnes, marcó querencia desde los primeros tercios, refugiándose en tablas con descaro en la muleta. Bastos lo persiguió con insistencia hasta sujetarlo en terrenos del 5, logrando naturales sueltos de gran estética. No hubo continuidad debido a la mansedumbre del novillo, y la espada se fue al rincón, dejando en silencio su esfuerzo.
Mariscal Ruiz volvió a mostrarse solvente en el quinto, un animal bajo pero amplio, que punteaba los engaños y no pasaba con claridad. De nuevo, el sevillano pisó la arena con seguridad, pero su labor no encontró recompensa ante un animal sin entrega ni clase.
Cerró la tarde Osornio con un novillo que tampoco humilló y que, tras una pelea larga en varas, evidenció su falta de celo en la muleta. El mexicano volvió a poner expresión en cada lance, sacando algún remate original, pero la deslucida condición del astado impidió que su entrega se tradujera en triunfo. Silencio para él, pero con la satisfacción de haber mostrado credenciales en la primera plaza del mundo.
El festejo concluyó con los tres novilleros dejando claro su esfuerzo ante un lote adverso, pero con el reconocimiento de la afición a su entrega. Tanto Bastos como Mariscal Ruiz tuvieron que pasar por la enfermería tras sus respectivos percances, poniendo el colofón a una tarde de lucha sin gloria.